En julio de 2025, Chrome deshabilitó definitivamente Manifest V2, la arquitectura que durante más de una década permitió a las extensiones del navegador interceptar tráfico web, bloquear anuncios con precisión, o reescribir páginas completas según la voluntad del usuario. La Electronic Frontier Foundation lo calificó de amenaza directa a la privacidad. Hilos en Reddit lo denunciaron como estrategia corporativa. La comunidad técnica auguró una migración de usuarios hacia Firefox. No pasó nada de eso.
Mas de medio año después, Chrome sigue dominando el 63.7% del mercado. Firefox permanece anclado en el 2.57%. Los millones de usuarios afectados de uBlock Origin instalaron uBlock Origin Lite, una versión limitada pero «suficientemente buena». Esta ventana a la innovación se cerró y casi nadie le dio relevancia. Esta indiferencia revela el estado actual de internet y la deriva hacia sistemas cerrados o black boxes, demostrando que la mayoria de usuarios prefieren la conveniencia de lo que funciona, frente a la flexibilidad individual.
El paso de Manifest V2 a Manifest V3 muestra un cambio de filosofía sobre quién controla realmente el navegador: el usuario o el proveedor. En el modelo anterior, extensiones como los bloqueadores de contenido utilizaban la API `webRequest`. Esto permitía a la extensión «escuchar» el tráfico en tiempo real y decidir autónomamente si bloqueaba un elemento, inyectaba código o modificaba peticiones antes de que la página se renderizara. Era control total, ejercido en milisegundos, adaptable a cualquier técnica nueva de rastreo o publicidad intrusiva.
Con Manifest V3, Google esto se sustituye por `declarativeNetRequest`. Ahora la extensión no decide en tiempo real; debe entregarle al navegador una lista de reglas predefinidas, y es Chrome quien decide si las aplica. El navegador dejó de ser un agente ejecutor de la voluntad del usuario para convertirse en un intérprete que actúa según las instrucciones del fabricante.
El cambio se justifica con dos argumentos: seguridad y rendimiento, ambos con fundamento técnico real: una extensión con menos capacidad para interceptar tráfico es menos peligrosa y consume menos recursos del sistema. Las extensiones V2 habían sido vector de malware, robo de credenciales e inyección de código malicioso. Pero el argumento subyacente es más profundo: Google, como proveedor de la plataforma, no quiere que extensiones de terceros tengan control absoluto sobre lo que sucede en su navegador. Existe una alineación clara entre los intereses de Google como la mayor empresa de publicidad del mundo, y la limitación de herramientas que interfieran con ese modelo de negocio. Al limitar la complejidad de las reglas y eliminar la capacidad de respuesta dinámica, herramientas de privacidad avanzada pierden exactamente lo que las hacía efectivas contra nuevas técnicas de rastreo y sistemas anti-adblock sofisticados.
Las inexistentes reacciones al cambio
uBlock Origin Lite: Con menos de 1 millón de usuarios a mediados de 2024. pasó a más de 8 millones en julio de 2025. En pruebas comparativas, bloqueó el 96% de los elementos que su versión completa bloqueaba al 100%. Para el usuario promedio, que navega sitios convencionales sin sistemas anti-adblock complejos, la diferencia es imperceptible. Sus usuarios no migraron a Firefox; simplemente aceptaron la versión limitada dentro del mismo navegador.
Firefox: Estancado en el 2.57% de cuota de mercado global, muy lejos de su pico histórico del 31.82% en 2009. No hubo el éxodo masivo que la comunidad técnica anticipaba.
Empresas: Google ofreció una política de extensión (`ExtensionManifestV2Availability`) que permitió a las organizaciones mantener temporalmente extensiones V2.
El ecosistema más afectado apenas fue mencionado: los userscripts. Greasemonkey en Firefox y Tampermonkey en chrome, permitían al usuario «reescribir» la web: añadir funciones a un foro, saltarse muros de pago, automatizar formularios repetitivos, cambiar interfaces completas. No eran herramientas de consumo pasivo sino de intervención activa. Bajo Manifest V3, la ejecución de código dinámico -la base técnica de estos scripts- queda restringida en aras de la seguridad. Tampermonkey sigue existiendo, pero ahora requiere activar el modo desarrollador en Chrome, una posibilidad que la mayoría de usuarios ignora que existe.
Con manifest v3 no solo se pierde la capacidad de bloquear anuncios, sino la idea misma de que la web es un contenido que el usuario puede modificar. Estamos pasando de una web de lectura-escritura a una web de solo lectura, donde las «vías laterales» desaparecen.
La ausencia de reacción revela la inercia del sistema. Para la mayoría de usuarios, la web es un servicio que se consume. Cambiar de navegador implica migrar marcadores, contraseñas, extensiones, configuraciones sincronizadas entre dispositivos. El coste es bajo en términos absolutos pero suficientemente alto para que la mayoría lo evite si «todo sigue funcionando más o menos».
Para casos de uso simples -bloquear banners publicitarios en sitios de noticias, evitar pop-ups molestos- uBlock Origin Lite cumple. El 96% de efectividad no molesta al usuario. La mayoría de usuarios no supo que Manifest V2 existía, ni por qué importaba. Que determinadas extensiones dejen de funcionar no se relaciona con una política restrictiva del proveedor, pues la gente asume que estas son el fruto del trabajo de pequeños desarrolladores independientes, que pueden abandonar sus proyectos en cualquier momento. No se ve como problemático el depender de una empresa de publicidad para acceder a la web.
Alternativas
Safari (WebKit) abandonó el sistema de extensiones potentes (similar a Manifest V2) en 2019 con la llegada de Safari 13. Apple impuso su propia API de «Content Blocking», que funciona de forma casi idéntica a lo que Google ha hecho ahora con MV3: la extensión le da una lista de reglas al navegador y el navegador decide.
Navegadores como Brave, Vivaldi o el propio Edge no son alternativa pues dependen de chromium (aunque Brave integra un bloqueador nativo que no depende de extensiones). Vivaldi prometió soporte extendido para V2. Pero mientras el motor de renderizado siga siendo Chromium, el «techo» de lo que es posible hacer lo marca el código que controla Google. Mantener un fork divergente de Chromium es técnicamente costoso y ilusorio a largo plazo. Eventualmente la presión para converger con el código actualizado de Chromium los forzará a adoptar las mismas limitaciones.
Firefox queda, estructuralmente, como el único navegador con motor propio (Gecko) y arquitectura de extensiones que mantiene las APIs potentes. Su implementación de Manifest V3 permite `webRequest` con bloqueo junto a `declarativeNetRequest`. Es decir, Firefox adopta V3 sin limitar las capacidades.
Si nos limitamos a bloqueos de contenido, existen alternativas a nivel de red como Pi-hole o AdGuard Home, que filtran tráfico publicitario antes de que llegue al dispositivo, aunque estas soluciones requieren conocimientos técnicos para su configuración y mantenimiento, y no son prácticas para usuarios promedio.
